Un proyecto muy complejo como su nombre indica.
Aparentemente podría parecer un trabajo de interiorismo o de cambio de piel, pero este trabajo implicó cortar cuatro pilares del edificio, alargarlos hacia abajo 1,20 metros, mientras enterrábamos el edificio.
Esto nos permitió hacer un escenario suficiente, una platea que juntaba los antiguos niveles de platea y anfiteatro y daba muy buena visibilidad y una sala acogedora, y poco tendente a caducar.
Se estudió cuidadosamente las zonas de trabajo, camerinos, sala de ensayos, etc…, así como las zonas comunes, vestíbulos, bar, sala de exposiciones.
Quizás el espacio más meritorio fue su segunda sala (La cocina), dificilísima y casi inutilizada, la reforma permitió una buena complicidad en espectáculos de 200 personas. El esfuerzo realizado en este proyecto, no se vio recompensado en su día.
Hoy esa experiencia ha permitido, al menos, que uno de sus autores -Víctor Argentí-, haya podido prodigar en equipamientos de este tipo, con brillantez.